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viernes, 31 de mayo de 2013

Eternidades (05-2013)

Hacía una eternidad que la última de las infinitudes se había contraído hasta desaparecer en si misma. Ni seres, ni soles, ni universos, nada existía desde hacía una eternidad.

Dios pensó durante otra breve eternidad que lo echaba de menos y empezó a trabajar la nada para que nacieran nuevas infinitudes en las que recrearse durante apenas un no instante de la eternidad. Si pudiera crear algo eterno… tal vez si se lo pidiera al Supremo, al Inalcanzable.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Un Instante Tarde (05-2011)


Se acababan de ir. Aún en nuestras retinas se reflejan sus últimos movimientos, tan reciente es su marcha. Pero al fin se han ido, un instante más tarde de lo que hubiera sido conveniente, claro que ya en el mismo momento de llegar era un instante más tarde de lo conveniente para que se fueran.

En los ojos transeúntes que contemplan el paisaje se mutan sus imágenes por las de la absoluta desolación que han dejado a su paso. No es un entorno árido en el sentido de desierto o de páramo, es una inabarcable sucesión de huellas de maltrato, de descuido, de desidia y desinterés, una interminable concatenación de pisadas y aplastamientos allí donde han habitado.

Nosotros, los fantasmas encarnados en piltrafas, miserables y cobardes, asistimos impertérritos a su llegada, sufrimos cobardes su convivencia y contemplamos escondidos su partida. Ninguno de nosotros osó jamás hacer demostración de nuestro rechazo. Ni siquiera se atrevió a pensarlo.

Solo ahora que ya han partido y nuestros miserables cuerpos vuelven a la vida, deambulando entre el recuerdo de lo que fue y ya no es, nos atrevemos a marcar con la mano los contornos de lo que había sido, a mover los ojos siguiendo unas líneas que ni el tiempo ya recuerda.

Nuestra cosecha de miedos, de desistimientos y renuncias será la más abundante que ningún ser vivo recuerde. Y lo peor de todo es que sabemos que una vez que volvamos a recuperar el color y la vida volverán para arrebatárnoslo y cobardemente asistiremos a su llegada, escondidos de nosotros mismos y pensando que llegaron un instante más tarde del instante en que deberían de haberse ido, pero sin decirlo.

Un Día, Mañana (04-2004)


Volvía presuroso hacia casa, la mañana había sido intensa, la cabeza de Pérez Ruiz (clon 19) se había negado a encajarse en el cuerpo original y no pudimos hacer nada, absolutamente nada. La bronca con el concesionario de clones había sido de las que hacen época. Y ahora la que peligraba era la mía. Susana ya me advirtió que venían sus padres a comer y la inveterada puntualidad maniática de su madre. (Ya sabes que mamá no soporta esperar, y yo no soporto que se ponga de mal humor por culpa de tu trabajo. Si ves que no vas a poder llegar cierras antes el taller y se acabó). Intenté llamarla por el móvil pero no conseguía cobertura. La maldita saturación de ondas que nos estaban friendo a todos. La semana anterior había leído en “El mundo del siglo XXII” que la cantidad de radiaciones que soportamos nos freían un 3,78% de las células cada año, sin contar las que se quedaban vivas pero alteradas. Seguramente por eso los talleres de implantación clónica eran tan buen negocio, o habían sido, porque ahora cualquier enfermerillo de tres al cuarto montaba uno. La verdad es que estoy pensando en cambiar de negocio. Justo aquel infausto día se cayó el sistema de metrojet y tuve que volver a casa en un tranporte militar de emergencia que recorría paso a paso todos los domicilios de los ocupantes por orden de recogida. O eso o una bicicleta pública, y eran 147 Km. Hacía años que no había montado. Llegué tres horas tarde y hecho una lástima. Susana ni me miró, su madre entre despectiva y regocijada.

No he vuelto a verlas, a ninguna de las dos. Me voy a dedicar al cuidado de las mecanovacas. Es un nuevo invento y te dan la leche ecológica, químicamente pura, ya pasteurizada y envasada. Van a ser el gran negocio de los próximos años. Además ayer murió la madre de Susana. Me he vestido de punta en blanco y voy hacia el tanatorio. Espero que mi semblante sea el correcto.

sábado, 22 de septiembre de 2012

La Mudanza (11-2008)


Fui a visitarlo, como tantas otras veces desde que decidió mudarse, y una vez más, como todas las anteriores, volví con la sensación de que al fin era feliz, de que había encontrado en su nueva morada toda la alegría, la luz, la felicidad de la que siempre había carecido cuando vivía en nuestro mismo barrio.

Muchas veces había comentado sus intenciones, pero nunca creímos que llegara a dar el paso, era ya casi como una muletilla que incluso en ciertos momentos todos los que estábamos con él coreábamos.

Cuando por fin decidió mudarse al otro lado del río, lo hizo sin avisarnos, simplemente se fue.

Algún exagerado le llamó suicidio. Total... porque nadie construye puentes para cruzar de un lado al otro de la superficie.

Cuento del Observador Divertido que Dentro de Eones Sobrevive al Tiempo y a las Estrellas


Habían pasado ya millones de años, los ángeles envejecían, los soles se enfriaban y el universo aspiraba a resumirse. En el interior de su morada de piedra la calavera, íntimamente, seguía sonriendo.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Situación Judicial (04-1995)


No podía ser de ninguna otra forma. No había mas que leer un poco de historia, para darse cuenta de que este final era inevitable.

Desde el paraiso donde Adán y Eva no tenían más precepto que no comer el Fruto del Arbol del Bien y del Mal a los Diez Mandamientos que Dios le entrego a Moisés hay un salto considerable, pero es comprensible. Al fin y al cabo la humanidad ya tenía razas, religiones y tribus, y había que organizar un poco la convivencia, más que nada para que las relaciones entre las gentes y las obligaciones fundamentales estuviesen claritas. Pero de ahí al derecho romano...

Con un solo precepto, el hombre fracasó, con diez nadie pretendía que se cumplieran todos, por lo que acabaron cumpliéndose todos mal, por decirlo de alguna manera. Cuando la cosa paso de ahí, cuando el hombre no fue capaz de saber lo que mandaba la ley, porque la ley era tan extensa que no había forma de conocerla toda, cuando hicieron falta técnicos que interpretaran la ley para los demás, y otro que analizaba las interpretaciones dispares, para a su vez interpretar quien había interpretado con mas tino, entonces fue cuando cada hombre interpretó que podía interpretar la ley como mejor le favoreciera, en tanto los grupos de poder interpretaban que había que intentar impedir las interpretaciones que no se consideraban adecuadas a la interpretación que convenía a los que mandaban. Con todo esto la ley se convirtió en esencia y objetivo de si misma. Y ahí, ahí empezó el final.

En el momento en que una persona era condenada legal pero injustamente, su esencia de justiciero clamaba contra el sistema en forma de buscar la existencia de una ley que evitara el atropello que acababa de cometerse con él y se promulgara una nueva ley que desdijera a la anterior, con todos los dependes que su aplicación masiva provocaba.

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Cuando Ramón Pérez, el último hombre libre que quedaba sobre la tierra, conectó su ordenador y leyó el aviso de correo parpadeando en la pantalla, pensó en principio que era algún mensaje del banco, tal vez el último extracto de cuentas, pero una vaga sensación en el estómago le hizo fruncir el entrecejo. Nunca he conseguido explicarme la relación muscular entre ambas partes del cuerpo, pero funciona.

Sea como sea, se demoró, en contra de lo que era habitual en él. No podía evitar el pensar que no eran buenas noticias, ni siquiera noticias banales.

Cuando por fin se decidió a recoger su correo y vio el icono del Organismo Superior de Reglamentación de Actitudes Ciudadanas, le sobrevino un ataque de risa nerviosa. El hecho de que el otro icono fuese del Consejo Reglado de Justicia Internacional, no ayudó en nada.

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La promulgación de la ley para la derogación de las leyes, ley 217/31 de 14 de octubre de 2031, que impedía la derogación de ninguna ley promulgada antes de que se cumplieran diez años de su entrada en vigor, y cuya función, inicialmente, era la de garantizar un periodo de vida de las leyes promulgadas por un gobierno al producirse el relevo por parte del siguiente, fue el primer paso.

A causa de los escándalos judiciales que se produjeron, y las flagrantes situaciones de agravio comparativo que llevaron a condenas absolutamente dispares en delitos exactamente iguales, según el juez y lugar de enjuiciamiento, durante la recesión económica del 2056 en la Comunidad Europea, se dictó a Ley de Enjuiciamiento Único, que transfería las competencias de dictamen de sentencias a un único departamento de la Secretaria de Justicia y Actitudes Ciudadanas de la Comunidad, a fin de garantizar la igualdad y equidad de las resoluciones judiciales. Ese fue el segundo paso.

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A Carmen Martínez le llegó, por el servicio de correo interno, a eso de las 11 de la mañana, el documento por el que se le comunicaba la finalización de su condena, y la instaba a preparar sus pertenencias en un plazo no superior a hora y media. Carmen aprovecho el tiempo que le quedaba para comunicarles a sus compañeras de celda y pasillo la feliz nueva.

Aquel día Begoña Ruiz, la reclusa/furriel, estaba enferma, por lo que no se publicaron, en el tablón de comunicados, las ordenes del día, como era preceptivo. Eso suponía una condena no inferior a quince días, que se le comunicaría a la infractora oportunamente.

A las 12,40 horas Carmen traspasó la penúltima puerta de la prisión e introdujo la tarjeta identificativa en el lector que daría la orden de apertura a la puerta principal de la prisión. El mecanismo hizo los ruidos pertinentes de lectura y comprobación de la tarjeta, y le comunico a Carmen que tenia pendiente de cumplimiento una pena de dos meses por revelación de contenido de comunicados oficiales a personal no interesado, Ley 161/08 de 9 de junio de 2008, infracción cometida ese mismo día entre las 11,05 y 11,53 horas.

Carmen penso que se le caía el mundo encima cuando en vez de abrirse la puerta de la calle, la que se volvió a abrir fue la de acceso a la prisión. Carmen lloró amargamente, maldijo, gritó e incurrió en penas que le supondrían casi otro año de cárcel más, al infringir varias leyes de actitud y compromiso del ciudadano respecto a los organismos y centros oficiales. Pero de todas maneras esas no le serían comunicadas hasta que hubiera cumplido íntegramente la pena anterior.

De todas formas, lo que no sabía Carmen, y quizás no averiguara nunca, es que según la ley 161/47 de 8 de junio de 2047, ningún convicto que hubiera cumplido mas de una condena podía ser excarcelado, salvo que justificara, fehacientemente, unos ingresos que le permitieran el mantenimiento de una vida digna, fuese eso lo que fuese.

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La promulgación de la ley 8/57 de 14 de enero de 2057, que en su párrafo 5º  decía que la condena de todo delito flagrante, cuya condena no superase los tres años de reclusión, sería de cumplimiento inmediato y no habría posibilidad de recurso, y que en su párrafo 16º explicaba que dos penas no podían cumplirse simultáneamente, si no que en todo caso ninguna podía cumplirse hasta la extinción total de la anterior, fue el tercer paso.

La comisión interestatal, a la que se unieron la practica totalidad de los países desde un principio, para la unificación de criterios, recursos y actuaciones de los sistemas legales, judiciales y penitenciarios, bajo el lema “Aldea Global/Justicia Global”, y cuya superior aportación fue un Nuevo Derecho Internacional, que no era otra cosa que un compendio de todos los derechos nacionales, fue el cuarto.

Ante la avalancha de información y la necesidad de resoluciones inmediatas, y el descenso de personal cualificado a causa de cumplimiento de condenas, no hubo otra solución que la delegación en los ordenadores de las funciones de captura de información, evaluación, y proposición de sentencia, que invariablemente se ejecutaba, para todos los delitos menores. Y ese fue el paso definitivo.

En los quince días siguientes a la entrada en vigor de la medida, mas del treinta por ciento de la población fue sentenciada y requerida para cumplimiento inmediato de su condena.

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Ramón, mientras leía, en el comunicado oficial, que estaba condenado a un arresto domiciliario de treinta días a causa de no haber reparado, en el plazo concedido, el triturador de basuras de su domicilio, oyó el chasquido que el cerrojo de confinamiento hacía en su puerta. Pensó en preparar un recurso argumentando la imposibilidad de conseguir trabajadores para realizar la reparación, pero sabía que no le iba a servir para nada, así que prefirió llamar al Presidente de Francia, a cuya casa-celda, tenia previsto hacer una visita oficial, en su calidad de presidente del gobierno, para el día siguiente.

El hecho de que en el otro mensaje le comunicaran la apertura de un proceso para juzgarlo por un delito de alta traición, a causa de haber presentado una propuesta para la derogación de unas leyes, acto con el que infringía la 217/31, de 14 de octubre de 2031, apenas si le preocupó lo mas mínimo. 

Lástima que en aquel mismo momento Carmen volvía a entrar en su celda. Por un momento casi había habido, todavía, una persona libre sobre la faz de la tierra.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Un Sueño


Hemos pasado una tarde estupenda. Mi hermana estuvo jugando conmigo todo el tiempo  a las adivinanzas, me ha contado historias y también hemos hecho los deberes. Mi hermana mayor me quiere mucho y cuando está conmigo me siento feliz. Lo que no se es por qué ya no vive en casa. Supongo que se ha casado pero no lo recuerdo. Tengo que preguntárselo cuando vuelva. Tampoco hemos visto a papá y a mamá, mi hermana estuvo conmigo durante la cena y después me ayudo a acostarme. También estaba la chica.
Pero ahora tengo mucho miedo. Tengo una pesadilla y no consigo despertarme. He soñado que me despertaba en una habitación desconocida y que yo quería que viniese mamá para que se me pasase el susto pero venía una enfermera que tenía la cara de la chica que ayudó a mi hermana a acostarme y entonces le pedía que llamara a mi hija. Porque en esta pesadilla yo tengo hijos y mi mujer ha muerto y yo vivo en esta habitación y en este edificio.
Quiero despertarme, o volver a soñar, volver a tener 8 años y jugar con mi hermana y esperar a que papá y mamá aparezcan en la puerta y yo vaya corriendo a abrazarlos y a besarlos.
Estoy confuso.  ¿Cuál es el sueño?

La Libertad (05-2012)


“La libertad. El gran anhelo de la humanidad, el fin deseado. Es curioso que según avanza la civilización el hombre está más dispuesto a renunciar a la libertad real a cambio de una realidad formal, a renunciar a la libertad individual en aras de una segura libertad colectiva. Solo falta por saber si se puede ser libre y estar seguro al mismo tiempo”
Anónimo siglo XXI

SODEBIESSA, Sociedad Para el Desarrollo y Bienestar del Estado, S.A., entidad corporativa responsable de la gestión de lo político, fiscal, financiero, social y legal.
-Doscientos treinta y seis años a al servicio del estado Ibérico para su orden y progreso-

Convoca
Transcurridos los cuatro años preceptivos, la fiesta de la participación ciudadana. Para lo cual han sido elegidos mediante sorteo cuatrocientos ciudadanos de pleno derecho de este estado, mayores de edad, de conducta intachable y curriculum conveniente, que han sido integrados en cuatro equipos, el rojo, el azul, el verde y el blanco. Las listas de los integrantes de cada equipo están disponibles en todos los sistemas de carácter público desde el mismo momento de la publicación de esta convocatoria.
Actos
Durante siete días se organizarán debates, coloquios y reuniones en las que participarán uno o más de los equipos según su deseo, tanto de forma presencial como mediante los distintos sistemas de comunicación.
El séptimo día cada ciudadano podrá decantarse por uno de los equipos, pudiéndolo hacer por cualquiera de los medios habilitados para tal fin y que son los ya habituales en convocatorias precedentes.
Satisfacciones
Los doscientos cuarenta que consigan clasificarse, según las ley 247/1273 para el reparto proporcional de votos, obtendrán una excedencia de cuatro años en sus trabajos habituales pasando a integrarse en el departamento de comisiones y debates de esta sociedad que asignará sus salarios según las condiciones establecidas para empleos de carácter público, siempre mejorando las condiciones salariales y sociales que detenten en la actualidad.
Catorce del equipo más votado obtendrán además de un mayor ingreso económico el privilegio de asistir a las juntas  generales de la empresa para transmitir sus resoluciones al departamento ya mencionado.
Ocho más por cada dirección general de esta empresa podrán formar comisiones que asistan a las reuniones departamentales correspondientes cuando los jefes de departamento lo consideren oportuno.
Antonio Gonzalez y Gonzalez del Cerro.
Director General de Politica Legislativa y Libertades Ciudadanas.
Madrid a 10 de Mayo del 2312

Raquel Y Guillermo (04-2001)


Convivieron desde pequeños. Toda una vida de juegos y meriendas, patios de colegio y deberes, habían dado lugar a una relación sin equívocos, a un conocimiento mutuo que casi parecía una identificación de caracteres.

A esta vida infantil le siguió una adolescencia que no pudo separarlos a pesar de que los amigos de el y las amigas de ella consideraban muy raro que les gustara estar juntos, y no entendían aquella amistad tan rara que les privaba de poder ser el mejor amigo o la mejor amiga de Guillermo y Raquel, porque Guillermo y Raquel se tenían, antes que nada y antes que a ningún otro, a si mismos. Si a Raquel le gustaba algún chico y necesitaba de un cómplice que le averiguara que pensaba aquel chico de ella, no se lo contaba a su amiga Margarita, el primero al que se lo contaba era a su primo Guillermo, y si Guillermo había puesto sus ojos, y pensamientos, en alguna chica, quien mejor que Raquel para hacer de Celestina. Desde luego mucho mejor Raquel que no el patoso de Rafa que podía conseguir el efecto contrario. Desde luego, y para conveniencia de todos, cuando se estableció el encanto de las parejas, lo mas natural, de una forma prácticamente implícita, Raquel se consideró emparejada a Rafa y Margarita a Guillermo. No es que las parejas pasaran de algún que otro beso y en el caso de Rafa de un tortazo el día que se le ocurrió comprobar que los pechos de Raquel tenían ya entidad suficiente para ser paseados. Aquello costó no pocas negociaciones, que si llegaron a buen fin fue mas por la reconocida patosidad de Rafa, que lo hacía reo de disculpa, que por que se olvidara su osadía.

Desgraciadamente la vida seguía su curso y la misma biología imponía unas exigencias que ni Rafa ni Margarita podían soslayar, por lo que aquellas parejas de primeras discotecas y cine, de alguna que otra cerveza y billares, se fueron diluyendo en citas esporádicas para recordar cuando Rafa no tenía pareja, muy a menudo, o cuando Margarita dejaba plantado a alguno de sus novios, un par de veces al año. Raquel y Guillermo también sentían la necesidad de separarse para estar con sus parejas, pero esa necesidad se trocaba en anhelo de reunirse y contarse las experiencias apenas se habían separado, antes, incluso, de que se produjeran las experiencias. El hecho de separarse era ya en si mismo una experiencia.

Este estado de cosas no pasaba desapercibido para sus padres que, en un principio lo consideraron gracioso y hasta tranquilizador sabiendo que iban juntos y que esa misma presencia mutua aseguraba un comportamiento moderado. Pero esa complacencia, esa tranquilidad, fue, según avanzaban los años, trocándose en una inquietud que tenía un origen en las buenas costumbres mas que en la posibilidad o sospecha de que entre ambos hubiera nada mas que lo que estaba a la vista. No podía ser bueno que ambos pasaran tanto tiempo juntos, que se identificaran de aquella forma tan idéntica que llevaba a Doña Leonor a decir siempre que visitaba a las familias, y salía a colación el tema de los niños, que es que eran como gemelos, que ella conocía a unos de unos amigos y se comportaban igual, igual.


Con los quince años cumplidos, los padres de Raquel decidieron, como premio por las notas durante y al final del curso, y para una mejor preparación, enviar a la niña a pasar el verano en Irlanda. Saldría para allí el día 1 de julio y pasaría en el colegio todo el mes, a finales sus padres se incorporarían, habían alquilado una casita en la villa en la que estaba el colegio, y pasarían en la casita, muy bonita, al lado de un pequeño río en el que había pesca abundante, todo el mes de agosto, sin que la niña dejara de asistir a las clases del College. Guillermo, que era algo menos brillante que Raquel en los estudios, se vio, inopinadamente, apuntado para pasar el mes de julio en un campamento de perfeccionamiento de inglés situado en la sierra de Madrid, y el mes de agosto en el pueblecito de Cantabria al que habían ido invariablemente todos lo meses de Agosto sus padres y tíos desde antes incluso de que nacieran Guillermo y Raquel.

Como no podía ser menos, ambos primos protestaron por unos planes que los separaban. Para ser mas exactos, la que protestó fue Raquel, que se sentía castigada con su premio. Siempre habían ido a veranear al pueblecito, y ella quería seguir yendo, seguir perteneciendo a la pandilla, a la mayoría de cuyos miembros había conocido pala y cubo en ristre haciendo, y algunos deshaciendo, castillos en la playa, y cocodrilos y barcas de arena que surcaban el mar sin necesidad de gasolina ni papeles. Y el mes de Julio, si era tan bueno como decían los tíos, podía ir al mismo campamento que Guillermo, al fin y al cabo ella lo necesitaba menos. O que viniera el a Irlanda, que así podría progresar mas deprisa porque tendría que hablar Ingles todo el día.

En el fondo, y según se acercaba la fecha en todo su ser, ambos primos sabían que la suerte del verano estaba marcada. Iba a ser el periodo de tiempo mas largo que ambos primos hubieran pasado separados, en lo que recordaban. Les consolaba pensar en las muchas cosas que tendrían que contarse a la vuelta.

Esta primera separación, fue el inicio del distanciamiento, meramente físico, de ambos primos. Según fueron avanzando los años la diversificación de horarios, de estudios y actividades, e incluso de amistades, y el ritmo frenético de la ciudad los fue separando de una forma imperceptible pero firme. Siempre encontraban un momento perdido en el que verse y charlar, o por teléfono los días en que coincidir se hacía imposible.

En ningún momento esta situación produjo ningún distanciamiento. La fuerza que los unía seguía intacta, esa identidad de gemelos que tanto le chocaba a Doña Leonor, era, si cabe, aún mas fuerte, como una identidad de siameses, en la que no es posible saber donde empieza el uno y donde acaba el otro.

Tendrían mas o menos veintitrés años cuando un día en que Raquel y Guillermo estaban discutiendo acalorada y divertidamente un tema, Guillermo intentó darle un cachete a Raquel que se resistía a la evidencia de sus argumentos, ella fintó ágilmente y al final del movimiento sus bocas se encontraron juntas.

No hubo extrañeza, ni pudor, ni siquiera sorpresa, tal como se encontraron ambas bocas se abrieron y se unieron en una sola boca que no necesitaba explorar su parte recién adquirida, solo tomarla y compartir las oleadas de placer que mutuamente se transmitían. Sin rubor, sin sorpresa, sin discusión ni acuerdo, ambos cuerpos se fueron fundiendo en una interpretación vertiginosa y plena de su identidad intelectual de toda la vida. Fue la consumación de una fuerza que toda la vida habían sentido sin necesidad de hacerla notoria, fue una consumación llena de sensaciones de identidad y plenitud, sin frenesí, sin otro afán que el de sentirse absolutamente juntos, totalmente idénticos.

Al acabar se besaron largamente, con la dulzura que uno se besaría a si mismo cuando está plenamente satisfecho. Se vistieron sin buscarse de nuevo, sin preguntarse mutuamente ni a si mismos, retomando con un cachete la conversación en el punto y tono en que se había abierto el paréntesis. Nunca mas mencionaron lo acontecido, pero a partir de entonces ambos se separaron pensando felizmente en el otro. Ya solo se encontraban en las celebraciones familiares y en las reuniones de amigos comunes. Cuando estaban juntos, y cuando no lo estaban, seguían disfrutando del que, en la identidad, ellos conocían como el efecto Leonor.

Pero no volvieron a estar juntos, nunca, ni siquiera se lo plantearon, ni siquiera lo añoraron o intentaron comparar a sus parejas con aquellos momentos. Aquellos momentos fueron únicos y ninguna repetición, ninguna otra persona, ninguna circunstancia de la vida podría aportar nada parecido. Para Guillermo y Raquel la plenitud existió y ambos se consideraron afortunados por haberla conocido, y ambos fueron lo suficientemente idénticos para no intentar perpetuar lo instantáneo, ni convertir el magnetismo en convivencia.

Lucifer (10-2001)

Lucifer se pasó la mano por los cabellos, una vez más. Era ya, desde el día de la derrota, un gesto automático, una forma de intentar apartar de sí el recuerdo de los errores cometidos. Después miró, intentando que sus ojos penetraran en el frío y la negrura que le rodeaban, hacia el resto de la estancia. Consiguió finalmente entrever los rostros de sus vecinos de encierro, de sufrimiento, rostros de derrota.

Una vez más, otra vez, su mente se giró indisciplinadamente al momento crucial de la batalla. No conseguía saber cual fue el fallo. ¿Cómo pudieron consentir que Miguel, al frente de su ejercito de soberbios e inconscientes tomaran bajo su control el principio generador? ¿Cómo no se dio cuenta de la traición que Gabriel preparaba?. 

La guerra terminó en ese mismo momento. No hubo oportunidad de pelear más. No hubo oportunidad ni habría tenido sentido prolongar una situación que ya no tenía salida. Ahora quedaban largos eones en los que los valores principales serían la sumisión y la culpa, tal como Miguel había preconizado durante toda su existencia.

Miguel impondría a toda la existencia sus condiciones, sus sueños de grandeza. Solo él podía ser considerado como el mayor de los segundos, el paladín de la creación. La sonrisa de la soberbia.

Pobres seres planetarios, última creación del principio generador antes de ser secuestrado y anulado. Se les había diseñado para ser simples, libres y felices, y casi no habían tenido oportunidad de tomar consciencia de su entorno. Ellos serían, con toda seguridad, las mayores víctimas de Miguel. Serían, sin ninguna opción para evitarlo, los vasallos perfectos.

Lucifer se pasó la mano por los cabellos, una vez más. Tal vez el punto débil de Miguel estuviese en ellos. Que alguien se compadeciese de esos pobres seres y les contase la historia de su creación y el destino para el que habían nacido. O que la culpa arrastrada a lo largo de su existencia los hiciera insensibles a ella y se revelaran. Sueños, posibilidades. Lucifer se pasó, una vez mas, la mano por sus cabellos. La espera sería, incluso para él, larga.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Lagrimas de Despedida (09-2006)


Sintió, más que percibió, una perturbación en su entorno. En principio de una forma sutil, pero inmediatamente el mundo entero se conmovió a su alrededor y se vio empujado por una fuerza telúrica y primigenia a traspasar un umbral que no deseaba. Ni con todas sus fuerzas conseguía evitar que el empuje brutal lo arrastrara a su través. Finalmente exhausto por la lucha, vencido, percibió un golpe enérgico. Derrotado y sucio lloró desesperdamente la pérdida de su casa, de su vida, de todo cuanto conocía.

Cuando al fin consiguió abrir los ojos unas grandes manos depositaban su cuerpo, sucio y desnudo, sobre el vientre aun convulso de su, ahora ya,  madre.

martes, 11 de septiembre de 2012

La Media (05-2001)


La Media es un concepto estadístico que divide a la raza humana en tres grupos, los que la superan, los que están por debajo y los funambulistas. Este último grupo amenaza constantemente con precipitarse a un lado u otro de la línea, pero como su caída varía la posición de esta, y dada su habilidad circense, en realidad los tres grupos se mantienen inalterables en cuanto a su relación numérica.


Existe, aunque no lo haya mencionado, el grupo de los despreciables, no por su calidad moral, que no es un concepto mensurable y por tanto estadístico, si no por pertenecer a una cantidad de individuos, pocos, de ponderación despreciable, que componen las posiciones decimales no exhaustivas por razones de coherencia oficial. Yo a estos individuos me los imagino como pelotillas en constante movimiento, ávidos de integrarse en alguno de los grupos y casi permanentemente rebotando en los intangibles limites de estos como bolas de un pinball.


Gran cosa la media, que facilita enormemente la compresión del mundo.

lunes, 10 de septiembre de 2012

El Decimo Día (01-2007)


No todo está contado. En el Génesis no se cuenta, y la ciencia aún ni siquiera consigue vislumbrar, que la Creación tiene más de siete días.

Es casi evidente. Pero también era evidente que la Tierra no era el centro del universo y nos costó unos cuantos años, y unos cuantos muertos, caer en ello.

Así que efectivamente al séptimo día Dios descansó, pero dado que no es perezoso, en el octavo día Dios contempló lo que había creado y se dijo : “Insuficiente para toda la eternidad”. Así que ese mismo día fabricó un aparato parecido al de las pompas de jabón de los niños y al noveno día lo usó para crear multitud de Universos semejantes al primero y según iban saliendo unos explotaban y otros persistían y Dios disfrutaba viéndolos expandirse y alejarse mientras brotaban otros nuevos. Y según parece en ello está aún en estos momentos y Dios quiera que por mucho tiempo todavía, ya sabéis lo que hacen los niños con las pompas cuando se cansan de verlas volar.

“Y al décimo día Dios jugó con los Universos que había creado”

Dios nos libre.

domingo, 9 de septiembre de 2012

El Mundo de los Cuentos (08-2010)


El soldadito de plomo llegó a casa a la hora acostumbrada, se quitó su pierna ortopédica, se cambió de ropa y se dirigió a la cocina, donde la bailarina de trapo trajinaba para preparar la cena.

-        La editorial está revuelta. –dijo a modo de saludo- He hablado con los tres cerditos, con el hada madrina y algunos otros y se ha convocado una reunión de personajes tradicionales para mañana. Según ellos la situación es insostenible.
-        La verdad es que todo lo que está pasando es desconcertante. –dijo la bailarina volviéndose y depositando un beso breve y cariñoso sobre los labios metálicos del soldadito- Hoy en el mercado no me ha saludado ningún niño. Uno se me quedó mirando y le preguntó a su madre por que iba vestida de una forma tan antigua. Lo único que hizo la madre fue regañarle por hablar tan alto. Yo creo que ella tampoco estaba segura de quien era yo.
-        Si, tal vez sea cierto que la situación está tan mal como ellos piensan.
-    ¿Prefieres las acelgas con rustrido o con aceite?-Preguntó la bailarina volviéndose hacia los cacharros que estaban en la lumbre- Mañana te acompaño a la reunión. Tengo ganas de cantarles las cuarenta a ciertos personajillos, que no son precisamente de cuento, que seguro que también asistirán.

El soldadito caminó, ayudado por la muleta que usaba en casa para desplazarse, hasta el salón y puso la televisión. Un gran cuadro cuyo tema era el barco de papel presidía la pared principal, y en la estantería destacaba un tomo de una lujosa y antigua edición del cuento de “El Soldadito de Plomo”.

-       Me han asegurado que también van a venir algunos dibujos animados clásicos. De la Warner y la Disney creo. Las versiones españolas.-Gritó el soldadito a través del pasillo para que su voz alcanzara la cocina, donde la bailarina aún trasteaba.
-       Si, me ha llamado Heidi hace un rato y me ha dicho que ella, como tiene algo de mano en los dos colectivos, ha estado haciendo gestiones con Bugs y el Tio Gilito para que se unan a la causa.-  Su voz fue subiendo de volumen mientras se acercaba por el pasillo cargada con la cena en una bandeja.- Excluidos terminantemente los japoneses claro, aunque a ella eso le toque de alguna manera. Vamos a la mesa que la cena está lista. Parece ser que el escándalo de la venta de la exclusiva de Chicho Terremoto subiendole las faldas a una de los Pokemon, es lo que ha soliviantado definitivamente  a todo el mundo.
-        Si, eso y el Top less de otra japonesa bañandose en el lago de los cisnes, y los disparates de la abuela de Piolín con un soldado de plástico de una bolsa de veinte duros, y el escándalo sexual de otro de esos soldados, de la misma bolsa con una imitación barata de R3PO, que a su vez ya había dado que hablar con no se que otro muñecajo que tampoco recuerdo por que méritos era popular, y el aumento de pecho, y exhibición, de la réplica barata de la mariquita Pérez, y así podríamos estar hasta la próxima semana en que las revistas se inventen de la nada otros cuantos escándalos con otros cuantos personajes nuevos que nadie sabrá porque han llegado hasta sus hojas.
-        Si, eso es lo que enseñan ahora en el mundo, mierda y más mierda, cuanta más mejor. Vamos a acabar todos como las moscas, comiéndola para poder sobrevivir.

El soldadito cogió el mando a distancia y puso la televisión. Repasó con hastío los distintos canales y con un gesto de rabia apagó el aparato.

-        Eso es lo que podemos ver hoy, “Jornadas Mercurianas” en una, “Sorteo” en la otra, “El Primo Hermano”, en la de mas allá, “Corazón Electrónico”, en otra más, o si lo prefieres, y como gran diferencia, “Famosas, Famosillas y Otras Jetas” en la última, así podremos contarle a los niños en el próximo cuento como cierto personaje le pegaba a su ex-mujer. O con que Elegancia Rosina Ramirez se callaba las palizas que le daba un supuesto bailarín de caja de música...
-        Calla ya, anda, déjalo, se te está haciendo mala sangre y total para nada.
-     Para nada no, coño, estamos hablando de la educación de los niños. Nosotros enseñábamos valores. Nuestras historias hablaban de valores, a veces equivocados, otras acertados, pero nuestro fin no era la  popularidad, si no contar una historia, y que esa historia les calase dentro, les sirviese para algo.

Acabada la cena el soldadito se levantó de la mesa. Aunque su cara de plomo no era excesivamente expresiva, tenía claramente el ceño fruncido. La bailarina tomó la bandeja de la mesita auxiliar y la cargó con los platos, vasos y cubiertos que habían utilizado durante la cena, plegó el mantel y se dirigió con todo hacia la cocina.

-        Como no te calmes acabará sentándote mal la cena. Déjalo ya. ¿ Que te dijo el Maestro editor de la edición escolar de nuestro cuento? ¿La van a sacar ya?

Su voz se alejó al tiempo que el tintineo de cacharros y cubiertos que llevaba en la bandeja, pasillo adelante. Tambien se alejaba el cadencioso chancletear de sus zapatillas de casa.

“Ha engordado un poco”. Pensó el soldadito fijándose en la figura de la bailarina mientras caminaba. “Ya no tiene la figura, la gracilidad, la agilidad de hace algún tiempo. Doscientos años no pasan en balde, ni siquiera para un personaje de cuento. Y si no no hay mas que verme a mi, viejo, lleno de ralladuras y con el uniforme descolorido, He pasado de ser un juguete roto a ser un juguete viejo, y encima roto.”

La cabeza se le venció a un lado acunado por el ruido hogareño de los cacharros en la cocina.

“Ya solo importan el sexo, la violencia, el engaño. Hemos perdido la moral en algún lugar del camino. Si me tocara la primitiva, 1, 6 ....”

Un ligero resoplido marcó el punto en que los pensamientos atropellados del soldadito se hicieron sueño reivindicador.

Al cabo de un rato la bailarina volvió de la cocina. Había pasado por la habitación pequeña y, previsoramente cogió una manta ligera. Ya antes de llegar al salón sabiendo, de antemano, que encontraría al soldadito sentado en su sillón favorito, roncando, con el ceño fruncido.

Se acercó a él suavemente, le acomodó la muleta para evitar que durante el sueño se cayera y lo despertase con el golpe y lo tapó con la manta hasta la cintura, y las manos. A los personajes de metal les cuesta mucho entrar en calor y se enfrían con facilidad. Depositó, mentalmente, un beso en sus labios y con una sonrisa de satisfacción cotidiana se sentó a su lado, no demasiodo cerca para no despertarlo.

“Algún día volverán a llamarnos, soldadito. Algún día los niños volverán a querer ser niños y no caricaturas de adultos. Algún día hasta los mayores volverán a recordar que también son niños y volverán los días entre hojas. Podrás comparte un uniforme nuevo y saludar marcialmente a los niños por la calle. Ahora duerme mi buen soldadito. Ahora duerme para que la espera se haga corta.”

El Circo De Mi Pueblo (Fábula Desmoralizante) (2005)


Guardaba en la chistera un conejo de trapo, aseado y viejo, con unos ojos de cristal que la ilusiones ajenas veían moverse, como al cuerpo, unos cuantos naipes marcados, cuerdas de pega, tijeras que no cortaban y flores de papel de todos los colores y tamaños, que la misma fuerza que hacía moverse al conejo les confería aromas y texturas. Aunque todos los elementos eran viejos, vieja la maleta que los contenía, viejas las palabras con que encandilaba a los espectadores, estos, los espectadores digo, eran nuevos, nuevas sus ilusiones, nuevas las ansias de maravillarse, nuevos en su afán y en su entrega.

El mago llegó y los asombró con sus palabras, ya nadie pronunciaba esas palabras, ya nadie ponía tanta convicción en lo que les decía, a nadie le brillaban tanto los ojos cuando les hablaba, nadie describía las maravillas de la magia como aquel mago.

Hasta entonces solo habían tenido un equilibrista que murió en el alambre, de viejo, no es que sufriera ningún percance ni que lo echaran por repetitivo, no, un buén día, subido en su aparato de trabajo se murió. Hubo empleados del circo que quisieron que el número continuara, y algunos, a fuerza de años de verlo, intentaron perpetuarlo, pero el número murió con él.

El malabarista que trajeron para sustituirlo era muy bueno. Al principio la gente, acostumbrada al número anterior iba más al circo a ver como fracasaba que a aplaudirle, pero la verdad es que era muy bueno, yo creo que el mejor que recuerdo, conseguía poner en el aire cantidad de elementos que continuamente parecía que se le descontrolaban, pero no, siempre los volvía a poner bajo su control. Se agotó, tuvieron que sustituirlo por puro agotamiento, pero todos lo recordamos.

El siguiente fue un mago, brillante, imaginativo, audaz, encandiló al público y le dia al circo un aire nuevo y vibrante. Estuvo varias temporadas y la gente se resistía a que se fuera, pero finalmente se fue, un poco por cansancio y un mucho porque los errores que este le producía dejaron algunos trucos a la vista del público, y el público somos así, no perdonamos.

Después vino un clown. A nadie le gustaba especialmente el número y sus chistes no parecían hacer gracia, pero se fue asentando, y sustituía su falta de guión con unos grandes recursos técnicos y su afán de agradar. Se confió en su éxito aparente y se olvidó de querer agradar. Cuando anunció que se retiraba y propuso a otro clown para sustituirlo, el público le dimos la espalda, quizás injustamente, tal vez justamente.

Nuestro mago actual solo tiene ilusión, pero sus trucos son viejos, su material es viejo -el otro día en pleno truco al conejo se le rompió una patita, algunos niños lloraron-, su ayudante es antipática y parece que no se depila las piernas. Corren malos tiempos para el mago actual.

Corren malos tiempos para el circo de mi pueblo.

La Ciudad (1974)


Y al instante siguiente estaba en la ciudad. Tal vez justo antes de sentir un vértigo, una caída, no se, tal vez algún tipo de sensación de traslado.

La primera percepción pertenece ya a mi estancia en el lugar. Está formada por casa con aspecto de decorado, sin una presencia demasiado real para mis sentidos. Me deslicé por la calle en que me encontraba, solitaria, siempre solitaria, en todo mi recorrido, hasta que llegué a un edificio encima de cuya puerta había un letrero que ponía  C A S A    C O N S I S T O R I A L. Era el único edificio no plano, la única construcción con visos de realidad que había encontrado hasta aquel momento. Fué entonces cuando me di cuenta de que a pesar de que la distancia recorrida en mi marcha, nunca paseo, no era pequeña no había encontrado , o mejor, no había visto ninguna bifurcación ni cruce que rompiera la continuidad del decorado.

A los lados del edificio que cortaba sin solución de continuidad la calle por la que me había movido hasta entonces, como una compensación, mas que como una necesidad u obligación, se abrían sendas calles en sentido perpendicular, aunque no estrictamente perpendicular a pesar de la carencia de perspectiva, al de la dirección de esta.

No hubo indecisión por elegir el camino a seguir, tomé de forma natural, como si me dirigiese a algún lugar concreto y perfectamente reconocido por mi, como si fuese un lugareño, la calle que salía a mano izquierda según se miraba al edificio de frente.

El aspecto de las construcciones había tomado ya un carácter de realidad, pudiendo afirmar que eran de piedra, aunque ahora la impresión era de oquedad, como si dentro de ellas no hubiera pisos ni paredes, si no simplemente vacío, sin atreverme a decir que fuera Nada, algo semejante al vacío que uno imagina en el espacio, y me percaté de que en ninguna de ellas había ventanas ni aberturas de ninguna clase, aunque tal vez si tuvieran puertas.


No recuerdo de forma excesivamente clara mi andadura por la calle. Pudieron se horas, tal vez segundos -el tiempo no tiene un sentido cronológico- lo que transcurrió hasta que me encontré de nuevo ante la edificación del cartel, que aunque estoy seguro de que era la misma, su sentido, el del cartel me pareció entonces mas el de Ayuntamiento que el de Casa Consistorial, de lo que deduzco que a pesar de que leía el cartel con fluidez, el lenguaje, la estructura o las letras, quizás todo el conjunto, no pertenecían a mi idioma natural, tal vez a ninguno conocido. Tal vez lo que entonces veía mas que letras fuera un ideograma.

El hecho es que tampoco esta vez, a pesar de haber recorrido en su totalidad la calle, recordara haber visto ninguna bifurcación, ningún cruce, hasta encontrarme de nuevo delante del edificio, me produjo una leve sensación de intranquilidad, por el momento pasajera.

Puesto de nuevo ante el dilema de elegir camino, dilema que en realidad no existió, cogí de forma natural el de la derecha.

Tampoco varió mucho en este nuevo recorrido el aspecto de las edificaciones, aunque si el de las sensaciones. Lo que hasta ese momento se había desarrollado como un periplo turístico por un pueblo desconocido, dio paso a una leve inquietud, aún no identificada como tal, que se asentaba en el estomago en forma de ligero cosquilleo.

No hubo desviaciones ni cruces en el camino y sin embargo, por tercera vez, me encontré frente al edificio de siempre, y que era mi único punto de referencia. Empecé a pensar que hubiera no solo varios edificios iguales, si no también caminos distribuidos de tal forma que fuera imposible todo punto distinguir a uno del otro, una especie de red incomprensible de caminos iguales y edificios iguales que llevaban al visitante a encontrarse siempre el lugares que aunque distintos eran iguales. pero en mi interior tenía la certeza de que me encontraba en una ciudad, rara, inquietante, y no en un laberinto.


Fué esta la primera vez en que me fijé un poco en él. Su pared encalada, en algún lugar de la fachada el letrero hecho de madera y con los caracteres en pintura roja. Sus puertas estaban abiertas, o para expresarlo mas correctamente, no tenía puertas, aunque si las tuviera no importaría si estaban abiertas o cerradas, no se podía pasar. No era una sensación mental si no física, como si el hueco de puerta no fuera mas que una plancha de pintura negra extendida con animo de confundir a quien llegara ante ella, y detrás, al otro lado de la imposibilidad, solo hubiera piedra maciza. Tampoco había ventanas, aunque tenían rejas. A pesar de todo, en su aspecto dominaba mas la placidez que la opresión o el miedo. Todo era extraño, aunque no terrorífico. También por primera vez me di cuenta de que a pesar de que el suelo era duro, no de asfalto, ni de piedra, ni de ningún material reconocible, y yo llevaba calzado con suela dura, no se había producido ni el mas leve roce o ruido en mi caminar, que nunca paseo, por la calle, o por las calles, ya que en ese momento no sabía a ciencia cierta cual era la verdad.

Me empezó a invadir, mientras lo contemplaba -al edificio -, unas vagas ansias de buscar una salida, así como un leve impulso de ponerme a correr, tanto las unas como el otro fácilmente controlables. Decidí no moverme de ese lugar hasta que tuviera una razón valida para hacerlo, y observar mientras tanto lo que me rodeaba.

La luz no había variado su intensidad desde la primera impresión valida, y los edificios de ambos lados, así como los que cortaban la calle, proyectaban sombras hacia esta. A pesar de todo la calle no se hallaba en penumbra, ni siquiera en los lindes con los edificios, si no que su claridad era intensa, como una superposición de luz clara sobre luz sombría.

Al lado del ayuntamiento había una panadería, un edificio de, aproximadamente, un metro menos de alto que este, y al lado izquierdo un establo que tenía la misma altura que la panadería, aunque era algo mas ancho. El porqué de que yo supiera que estos edificios eran un establo y una panadería es algo que no sé, ni conocí ninguna actividad , señal o cartel que los identificaran como tales, pero tengo la absoluta certeza de que lo eran.


Ahora parado y en posición de observador, podía observar que el silencio no era absoluto, aunque nunca me pareció que lo fuese, si no que existía una suerte de vibración sonora en el ambiente que se podría definir como un silbido mas que como un chirrido.

Había, también, un vago olor a humedad, o, mas exactamente, a tierra mojada, aunque no había visto mas material que los que componían el suelo y las paredes de las construcciones, renuncio a llamarles casas, que a pesar de ser de piedra, estas parecían estar apiladas sin mas ligazón que su propio peso.

El tiempo, concepto sumamente extraño para aplicar a este lugar en el que no había variaciones aparente aparte de mis recorridos, era además de una dimensión física -las edificaciones parecían existir desde siempre, aunque no para siempre- inmensurable, no tanto por su, digamos, transcurso, como por su falta de entidad definida, una constante del paisaje, un elemento mas de la textura del paisaje. Te movías con el tiempo, viajabas en el tiempo, en una burbuja de instante que se desplazaba al mismo ritmo que tu.

Decidí entonces, ya que el tomar las calles laterales me conducía invariablemente al mismo lugar, hacer el recorrido en sentido inverso al que hasta ahora había seguido. Dejé a mis espaldas el edificio y me puse de nuevo a caminar. A pesar de que en ningún momento me había parecido que las calles describieran ningún tipo de curva, ni siquiera en ese mismo momento, volví a aparecer frente al edificio. No por alguno de sus lados, si no frente a él. Era el eterno retorno al mismo lugar, no importaba que camino se escogiese ni a donde se quisiera ir.

La sensación de inquietud dejó de ser vaga y fácilmente controlable, aunque tampoco era tan intensa que llegara a dominarme. Digamos que el cosquilleo se convirtió en un suave vértigo.


A pesar de que seguía sin sentirme amenazado, consideré oportuno salir de allí cuanto antes. No era una decisión dictada por ningún tipo de urgencia personal, era más parecida a la decisión que se toma un domingo por la tarde tirado en el sofá de levantarse y hacer algo. Sabía con certeza que hiciera lo que hiciese me encontraría siempre ante la edificación, pero tenía, al menos, que intentarlo.

Para que el intento tuviera alguna posibilidad era fundamental entender las ciudad, entender el como de las calles y, sobre todo, el hacia donde.

Mientras pensaba, de una forma inconsciente, me puse a caminar de nuevo, y no me dí cuente de ello hasta que alcé la mirada y no vi el edificio por ninguna parte. Como no sabía la cantidad de camino recorrido seguí hacia adelante, esperando encontrar de nuevo el edificio frente a mi. De repente todo mi ser se tensó, el corazón me dió un vuelco. No mucho más adelante de donde me encontraba se podía distinguir claramente una bifurcación o ensanche. Fuera lo que fuera era una perspectiva totalmente nueva, y por lo tanto, una perspectiva llena de esperanzas.

Volé mas que corrí hacia allí, y cuando llegué me dí cuenta de que de nuevo estaba ante la edificación, aunque esta vez había salido por la calle de la derecha, junto a la panadería. Intentar explicar como me sentía sería punto menos que imposible, como lo es enumerar todas las sensaciones contradictorias que me embargaron.

Por un momento temí haberme vuelto loco, ya que el torrente de emociones que se había desatado en mi interior al ver aquel punto ignoto de la ciudad, y su total frustración, habían afectado a mi mente, hasta tal punto que me parecía ver una sonrisa aviesa donde no había mas que una pared imperturbable.

Me sentí sumido en tal estado de postración que consideré que la única posibilidad, no se si de sobrevivir física y mentalmente, era aclarar mis ideas, dejar de deambular de forma arbitraria y conseguir trazar un plan, y  evitar nuevas frustraciones. Con tal fin me senté y me di cuenta, por primera vez, de que me hallaba al borde de la extenuación. Por muy poco que fuera el desgaste físico -cosa imposible de evaluar-, el desgaste mental era insoportable. Me dejé caer sobre un costado y me dormí prácticamente al instante. Y soñé, soñé con todo aquello que no podía alcanzar en ese momento y que yo creía que me había sido arrebatado, espacios abiertos, lugares irrepetibles.

No sentí ninguna sensación extraña en el momento de despertarme. Fué un despertar lento y suave, como el despertar en la playa, en el que todo se acerca lentamente, en el que el sueño se acaba antes de abrir los ojos, y te recreas en la luz que atraviesa los párpados cerrados. Tal vez mi mente esperara encontrar el mundo cotidiano cuando se abrieran los ojos, que todo hubiera sido un sueño. No fué así y lo primero que enfocaron mis ojos fué la omnipresente edificación. Lo que también aprecié fue un cambio, sutil, pero un cambio. Mas allá de sus paredes se apreciaba movimiento. Quizás no fuese exactamente movimiento, si no una variación en el sonido ambiental. Era algo muy sutil y lento, pero era algo al fin y al cabo. Desde mi posición, todavía sentada, vi por primera vez que la construcción estaba rematada por un adorno, como el de la mayoría de los edificios con su función, en el que se incrustaba un reloj que marcaba una hora cualquiera y totalmente carente de sentido.

Algo llamó entonces mi atención que se desvió inmediatamente hacia el lugar donde me había parecido apreciar la variación. A pesar de que a simple vista no conseguía distinguir nada en aquel lugar, mis ojos siguieron fijos, intentando captar de nuevo ese algo que se negaba a impresionar mi retina.

Después de transcurrido algún tiempo, sigo usando la palabra tiempo como acomodo para poder explicarme, descubrí algo similar a un vago contorno, de casi el mismo color que la penumbra que se formaba en el limite entre los edificios y la calle.

Me levanté lentamente, con esa mesura en movimientos del cazador al acecho de su presa para evitar espantarla, y vi como, con la misma velocidad de mi movimiento, el contorno se desplegaba. Me acerqué, lentamente al principio, mas deprisa según transcurría el movimiento hasta acabar en una carrera desenfrenada. En ningún momento conseguí que la distancia que me separaba del contorno se redujera en lo mas mínimo. Cuando, jadeante y exhausto, cejé en la persecución, en el mismo exacto instante y con la misma desaceleración en sus movimientos, él también se detuvo.

Creo que fué entonces cuando desde lo mas profundo de mi interior, como una necesidad y una liberación, surgió la risa. Una risa compulsiva y nerviosa, al borde del histerismo. Hacía muchos años, desde que era pequeño, que no había perseguido mi sombra, y ni siquiera aún entonces, con ese ansía que había desplegado en la carrera en su pos. Solo las circunstancias, esa angustia que se estaba apoderando de mi, justificaban la vuelta a uno de los juegos mas infantiles. Cuando niño descubres el mundo, y yo me estaba enfrentando al descubrimiento de una realidad extraña a la mía cotidiana. Me quedaba la tranquilidad de pensar que si este mundo tenía sombras era real. Pero, era mía la sombra? Que foco de luz existía para provocar mi sombra en aquel ángulo? Por que mi sombra no surgía de mi figura , si no algo mas allá? Por que mi sombra era mas pequeña que yo, cuando debía de ser alargada? Acaso los valores físicos eran distintos en esta realidad? Las preguntas se agolpaban de repente en mi cabeza, y cada pregunta generaba a su vez mas preguntas, sin que, de momento, se me ocurriera ninguna respuesta.

Para aliviar la tensión, me volví y comencé a caminar dando la espalda a la edificación. Ya no le daba realmente importancia a la dirección que pudiera seguir en mi deambular, el destino estaba, como las cartas con trampa, marcado. Incluso, me volví para comentarlo con mi sombra, reconociéndola como única compañera y destinataria de las primeras palabras dichas en voz alta desde que llegué.

Según me volvía mientras hablaba me dí cuenta de que mi sombra no me había seguido. Enmudecí. Estaba mas lejos. Parecía no haberse desplazado desde el momento en que yo me había puesto a caminar. Pero eso no era todo. Mi sombra parecía haber abandonado el mundo de las sombras y semejaba tener un relieve, difuso, del que toda sombra carece.

Tampoco esta vez enloquecí. No grité, no corrí ni me desplomé.

Lo pensé mucho antes de decidirme a dar la vuelta y caminar hacia ello, fuese lo que fuese. Estaba convencido, después de la experiencia anterior, de que en el momento en que intentase acercarme aquello se movería también.

Di un paso largo y lento. No se movió. Y después otro y otro más, y tampoco se movió. Cada vez con mayor resolución, e intentando aparentar una calma y normalidad que me eran ajenas, caminé hacia ello, acercándome a ello sin que se moviera, y cuando llegué a la altura del lugar en el que me había dado la vuelta, empezó a moverse de nuevo. Me paré inmediatamente y me tiré al suelo. Tal vez pensaba que al tirarme al suelo demostraba mi deseo de no invadirlo, de transgredir sus normas, si las tenía. Vi como aquello se plegaba al tiempo que yo me acercaba al suelo. Aguardé unos instantes sin que pudiera apreciar ningún movimiento. Intenté, con la mayor suavidad posible, acercarme reptando. Se movió. Me senté. Me senté y lloré con desesperación.

Cuando al fin conseguí tranquilizarme, solo un poco, se habían producido nuevos cambios en aquello, la sombra había adquirido volumen, aparentaba una consistencia que antes no le había apreciado, parecía seguir una evolución semejante a la de las edificaciones, pero mas rápida, menos sutil.

Parecía un habito, burdo, marrón, de monje medieval. Lo que debía de ser una capucha se asentaba sobre una gran cantidad de pliegues. En realidad solo los pliegues parecían ser el sostén de la capucha a una cierta altura del suelo. Eran tantos que en realidad parecían las dobleces que se realizan para guardar un ropón, como si no tuvieran nada en su interior. Solo la capucha parecía tener un cierto hálito de vida, una independencia respecto al resto del ropaje.

Me levanté de nuevo. El habito se desplegó. Medía algo más de un metro de alto y parecía suspendido de una cuerda, como una marioneta, pero el marionetista no conseguía desplegar totalmente la figura y el habito seguía amontonándose en pliegues sobre el suelo. La capucha se lanzaba hacia el frente haciendo imposible distinguir ningún tipo de rasgo. En realidad parecía una capucha que cubriera a un ser invisible. Todo era sombra. Tampoco se apreciaban manos, pies, ni ningún tipo de parte del ser, salvo que el habito fuera el ser.

Y de nuevo intenté alcanzarlo. Lentamente ahora. Como en un combate de luchas primitivas yo giraba a su alrededor intentando al tiempo mantener la distancia y comprobar si al dar un paso hacia el se alejaba. El permanecía absolutamente inmóvil. Solo cuando yo intentaba avanzar me parecía apreciar una suerte de vibración que me llevaba a retroceder inmediatamente. No llegaba a ser un movimiento. Ni siquiera giraba la capucha, pero yo me encontraba siempre frente a ella.
Ni siquiera llegué a pensarlo. Dí un alarido, corrí hacia él y salté. Él no saltó. No imitó ni mi carrera ni mi vuelo. Pareció quedarse clavado en su lugar, demasiado confundido por mi reacción para reaccionar él a su vez. Mis manos hicieron presa en hábito, aprecié su tacto burdo y fofo, como abrazar un cojín hinchable pinchado. Según iba volando hacía el me dí cuenta de que no había intentado ningún tipo de comunicación. No le había dirigido ninguna palabra ni gesto. No había requerido de él ningún tipo de información o explicación. Por que? Por que una persona que se considera pacifica había actuado de una forma tan amenazante? Que pensaría aquel ser de mí?

Solo encontré entre mis manos aquella tela burda y rasposa. Lo que fuera que había estado dentro se había desplazado hacia un lado. No era tanto una figura como algo que ocupaba espacio. Y mantenía la misma distancia que al principio. Si tuviera algún instrumento de medición seguramente podría comprobar que era, siempre, la misma exacta distancia.

Después se dió la vuelta y comenzó a desplazarse, cada vez mas rápidamente, por el camino inverso a cuando yo era el perseguidor, y cuanto mas rápidamente se movía mas familiarmente humano me parecía su contorno.

Lo sabía. Era lógico, lo esperaba. Una vez mas apareció ante mi la omnipresente edificación. Ante mi, superpuestos los dos misterios que amenazaban con quebrar mi razón.

La figura se abalanzó, sin disminuir lo mas mínimo su velocidad, contra la extraña cortina de pintura que hacía las veces de puerta, y a pesar de que la traspasó ante mis ojos a mi me seguía pareciendo igual de impenetrable, me seguía pareciendo una puerta pintada sobre un muro, una sonrisa sin boca.

No desistí por ello en mi persecución, ni por ello disminuí mi velocidad, tal vez ese fuera el secreto de su penetrabilidad. De repente me di cuenta de que iba a chocar, de que mi realidad física no podía traspasar aquella falacia. No pude ni siquiera intentar pararme, mi resolución anterior me había llevado a un punto sin retorno. Cerré los ojos, estiré los brazos, preparé mi cuerpo y mi mente par el dolor, y me precipité contra ella.
Me invadió la sensación de vacío. Un vacío intemporal e insustancial. El frío de la nada. El vértigo del espacio abierto me envolvía, no como entidad física, no parecía tener cuerpo, si no como consciencia en movimiento. Me pareció que había atravesado el Universo entero en un instante, y cuando la caída parecía infinita, en espacio que no en tiempo, se produjo la sensación física del choque.

Caí, desde una cierta altura, rodando, con los ojos firmemente apretados. La luz atravesaba, a pesar de todo, los párpados. Cuando al fin me decidí a abrir los ojos comprobé que esa luz, tremendamente brillante, confería un aspecto plano a todo cuanto tocaba. Incluso a la edificación que, naturalmente, se encontraba ante mi.

El Carnaval de las Aguas (08-2001)



Los días de agosto se suelen caracterizar en Madrid por el calor y la posibilidad de realizar ciertas actividades sin necesidad de sumergirse en un maremagnun de semejantes con la misma idea dispuestos a aguantar interminables colas para acceder a sus aspiraciones.

Eran ,mas o menos, las once de la mañana cuando llegué al estanque del Retiro, y al ver el agua calma,, la poca gente que se guarecía  a la sombra de los árboles, y el escaso número de barcas que intentaban darse un aire marinero tripuladas por intrépidos padres marineros de familia, o novios dispuestos a asombrar con su pericia remera, decidí embarcarme en la aventura de buscar una sombra a la orilla y dormitar durante una hora con la sensación refrescante del agua al alcance de la mano.

Así estaba. Tumbado en el banco corrido de la parte trasera de la barca, sin camisa, los pies puestos en el banco central, la cabeza echada hacia atrás y la mano derecha sumergida en el agua. Ya llevaba un rato en el que notaba pequeños pellizcos en las puntas de los dedos y con gran pereza entreabrí los ojos y contemplé como las carpas, pequeñas, y los ciprinos se arremolinaban alrededor de mi mano y me daban pequeños chupetones. En un momento en que vi acercarse una carpa de un tamaño un poco mayor, removí perezosamente la mano y el intruso se alejó. Volví a trasponerme.

Un chapoteo cercano me devolvió a la consciencia. Otra barca se acercaba a la mía. Con lo grande que es el estanque aquel patoso tenía que venir justo a donde yo estaba.

Fue inevitable que me fijara en el personaje. Mayor, mas de setenta, la cara surcada de arrugas y una barba a medio afeitar, blanca, irregular. Una pipa le colgaba del lado derecho de la boca. Vestía una camisa blanca de franela, le faltaba un botón, iba a medio remeter en unos pantalones de paño oscuro con brillos producidos por el uso reiterado y algún vestigio de salitre cerca de las costuras, que caían con desgana por las piernas del personaje hasta integrarse en unas clásicas botas de agua. Remaba de pie sobre el bote y de cara al sentido del desplazamiento, tal como lo hacen los marinos expertos.

Dado el entorno en el que se me presentaba me pareció una caricatura de marinero, un cruce entre Popeye y el capitán Ahab pescando su ballena blanca en una bañera. Sin moverme, esperé indolentemente la llegada de la visión hasta mi. Vino directamente, sin ningún titubeo.

-          ¿Sabes en que fecha se celebra el carnaval de las aguas?

Es difícil saber si llegué a mover algún músculo de mi cuerpo, no se siquiera si alguna neurona emitió alguna señal encaminada a responder a la pregunta.¿ Se podía responder algo?.

Sin perderme la cara ni los ojos durante un solo instante remó un par de golpes hacia atrás, alejándose de mí.

Cuando empezaba a pensar que se alejaría tal como había venido, rapidamente, se paró un momento, lanzó una risotada de cuento de taberna marinera y levantado la mano izquierda, ahora claramente rematada en una mano metálica, articulada, volvió a hablarme.

-          Pues fíate de los peces de colores.


Mi mano saltó, literalmente, del agua justo en el momento en que una carpa de tamaño desmesurado hacía chascar sus mandíbulas en el sitio en el que hacía un momento estaban mis dedos, una inmensa y triangular aleta parecía querer abrirse paso en el lomo del inocente pez y, estoy convencido, había una costura o cremallera en el costado de la carpa, justo junto a las agallas. Ahora yo también se en que fecha se celebra el carnaval de las aguas y no volveré a fiarme de los peces de colores, ni de los del acuario de mi tía.