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lunes, 7 de enero de 2019

Matrioshka


Armando se sentó, por fin, y dejó que el cansancio acumulado se asomara a sus ojos, se apoderara de sus extremidades y fuera haciéndose patente en sus consciencia. Había sido un día duro, un día de trabajo duro y con muchas horas de esfuerzo, de reuniones para llegar a acuerdos, de clase para transmitir las enseñanzas que los acuerdos reclamaban, de enfrentamientos con los que se negaban a reconocer el trabajo que se realizaba. Horas y horas de recibir enseñanza y transmitirla. Y ahora llegaba la hora de descansar.
Sí, había quienes se empeñaban en poner en cuestión los conocimientos de los que ya tenían las respuestas. Los que decían que para enseñar había que poner todo lo aprendido en cuestión y llegar al propio conocimiento, los que defendían que el conocimiento recibido solo era una base de la que partir para evolucionar.
Armando sintió en lo más profundo una pereza infinita al pensar en la posibilidad de ponerse ahora que el entumecimiento del sueño lo invadía, en buscar una verdad a la verdad que ya conocía y que le parecía incuestionable.
Siempre había personas que necesitaban el protagonismo de sentirse diferentes. Eso era soberbia, eso era inconformismo y ganas crear problemas.
Armando seguía dándole vueltas a sus pensamientos mientras se ponía el pijama, incluso mientras retiraba las sábanas para meterse en la cama y empezaba a acercar su cabeza a la almohada, aunque un gran silencio mental se hizo antes de que llegara a rozarla. Ya descansaba.

Jorge sonrió con la satisfacción del que ha hecho bien su labor mientras retiraba el control del muñeco y contemplaba su falso sueño, su desbaratado descanso que al fin y al cabo no era más que una muerte temporal hasta que mañana de nuevo tomara su control y volviera a dirigir su apariencia de vida, su aparente consciencia, sus implantadas convicciones.
Se lavó las manos, se vistió y salió. Tenía reunión con el director para revisar el guión que habría de seguir en los siguientes días. No solía haber grandes variaciones, los objetivos eran claros y solo cambiaban pequeños matices, estrategias, para conseguir avanzar en el resultado final, la defensa de la verdad y su implantación en la sociedad.
Es verdad que no todos la compartían, de ahí la importancia en ser discretos, ladinos, apenas perceptibles. De ahí la importancia de los Armandos que en el mundo ayudaban a su difusión permitiendo que los guiñolistas no tuvieran que mostrar su verdadero rostro.
Cuando Jorge volvió a su casa contempló de nuevo a Armando, con cariño. Uno se llegaba a encariñar con aquellos muñecos, con aquellas marionetas de alma compartida y con aquella vida que sus manos le inducían. Mañana Armando tendría su último día con él. El director creía que ya había cumplido con su labor y le había proporcionado un nuevo muñeco. Ya no importaría que haría con el resto de su vida ni si tenía resto de vida. Ya no sería cosa suya.
Ahora le tocaba estudiar la nueva personalidad del nuevo guiñol y su forma de trabajar. El director le había asegurado que todo el trabajo de base, como de costumbre, ya estaba hecho y que el nuevo muñeco era totalmente dócil a los fines perseguidos. Su sometimiento ya había sido probado y aceptado y la sociedad en la que tenía que moverse lo valoraba adecuadamente para los objetivos a lograr.
Por cierto, se llamaba Jorge, como él. No sabía si la idea le gustaba o le creaba una cierta sensación de incomodidad, de inseguridad. Por supuesto no le había dicho nada al director. Las discrepancias no estaban bien vistas y no convenía caer en desgracia.
Jorge, el guiñolista, se puso a estudiar. Luego vendría el descanso.

Carmen vio salir a Jorge con su nuevo muñeco y toda la documentación que le había proporcionado para su manejo. Cada vez era más complicado el manejo de esos “muñecos”, cada vez era más difícil encontrar guiñolistas con el talento y la capacidad de camuflaje que Jorge tenía. Pero la consecución de la divulgación de la Verdad Única y su implantación definitiva en la sociedad valía el esfuerzo que se realizaba. Y además cuando eso sucediera él estaría ahí, entre la cúpula de los elegidos, entre los que fabricaron y consiguieron una sociedad como dios manda.
Carmen aún recordaba sus tiempos de guiñolista. A veces, incluso, soñaba con recuerdos de cuando era guiñol, aunque estaba seguro de que eso solo eran sueños.  Bueno, ya solo quedaba dar el parte a su superior, en realidad, y como ya le había demostrado en varias ocasiones, a su amigo.
Todo iba según lo planeado. ¿Qué podía salir mal? Nadie creía que existiera la Organización, los contrabulos funcionaban a la perfección y las denuncias contra ellos solo acrecentaban el descrédito de los denunciantes. El sistema de muñecos finales, la captación de personas con aceptación popular y débiles había sido un acierto que se mostraba imparable y que los propios muñecos defendían a muerte. Su mismo orgullo los obligaba a defenderlo, y una vez quemados su credibilidad era nula.
…

Carlos, sentado cómodamente en el jardín de su vivienda, colgó el teléfono por satélite con el que se comunicaba con su organización. Todo marchaba según lo previsto, los beneficios crecían, el poder crecía y todo estaba bajo control. La vida, esa que los demás creían tener y que él dirigía con mano de hierro sin moverse de su inaccesible hogar, le sonreía.
Su hijo, su heredero, recibiría más poder, más dinero y un mundo más dócil que el que él había heredado. Pero para eso aún faltaba.
Pensó en llamar a alguno de sus iguales, pero la desidia le invadió. Ya había hablado con todos ellos esa mañana. Ninguno tenía nada interesante que contarle. A todos les sonreía la vida como a él mismo.
Se sonrió, se retrepó y dejó que su mente se fugara en ideas inconcretas, las concretas ya eran suyas.

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Laura estaba leyendo y aquella frase le llamó la atención. Le llamó la atención lo suficiente para que su cabeza empezara a darle vueltas. Inesperadamente su reflexión se convirtió en una idea diferente, en una evolución sobre lo que creía antes de leerla. En diferentes lugares del mundo un número inconcreto de personas tuvo la misma experiencia. Si conseguían salvar los controles establecidos por los guiñolistas  y transmitir sus conclusiones tal vez hubiera esperanza, aunque esperanza había poca.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Un Día, Mañana (04-2004)


Volvía presuroso hacia casa, la mañana había sido intensa, la cabeza de Pérez Ruiz (clon 19) se había negado a encajarse en el cuerpo original y no pudimos hacer nada, absolutamente nada. La bronca con el concesionario de clones había sido de las que hacen época. Y ahora la que peligraba era la mía. Susana ya me advirtió que venían sus padres a comer y la inveterada puntualidad maniática de su madre. (Ya sabes que mamá no soporta esperar, y yo no soporto que se ponga de mal humor por culpa de tu trabajo. Si ves que no vas a poder llegar cierras antes el taller y se acabó). Intenté llamarla por el móvil pero no conseguía cobertura. La maldita saturación de ondas que nos estaban friendo a todos. La semana anterior había leído en “El mundo del siglo XXII” que la cantidad de radiaciones que soportamos nos freían un 3,78% de las células cada año, sin contar las que se quedaban vivas pero alteradas. Seguramente por eso los talleres de implantación clónica eran tan buen negocio, o habían sido, porque ahora cualquier enfermerillo de tres al cuarto montaba uno. La verdad es que estoy pensando en cambiar de negocio. Justo aquel infausto día se cayó el sistema de metrojet y tuve que volver a casa en un tranporte militar de emergencia que recorría paso a paso todos los domicilios de los ocupantes por orden de recogida. O eso o una bicicleta pública, y eran 147 Km. Hacía años que no había montado. Llegué tres horas tarde y hecho una lástima. Susana ni me miró, su madre entre despectiva y regocijada.

No he vuelto a verlas, a ninguna de las dos. Me voy a dedicar al cuidado de las mecanovacas. Es un nuevo invento y te dan la leche ecológica, químicamente pura, ya pasteurizada y envasada. Van a ser el gran negocio de los próximos años. Además ayer murió la madre de Susana. Me he vestido de punta en blanco y voy hacia el tanatorio. Espero que mi semblante sea el correcto.

martes, 11 de septiembre de 2012

La Media (05-2001)


La Media es un concepto estadístico que divide a la raza humana en tres grupos, los que la superan, los que están por debajo y los funambulistas. Este último grupo amenaza constantemente con precipitarse a un lado u otro de la línea, pero como su caída varía la posición de esta, y dada su habilidad circense, en realidad los tres grupos se mantienen inalterables en cuanto a su relación numérica.


Existe, aunque no lo haya mencionado, el grupo de los despreciables, no por su calidad moral, que no es un concepto mensurable y por tanto estadístico, si no por pertenecer a una cantidad de individuos, pocos, de ponderación despreciable, que componen las posiciones decimales no exhaustivas por razones de coherencia oficial. Yo a estos individuos me los imagino como pelotillas en constante movimiento, ávidos de integrarse en alguno de los grupos y casi permanentemente rebotando en los intangibles limites de estos como bolas de un pinball.


Gran cosa la media, que facilita enormemente la compresión del mundo.